Hay gente que ha hecho de su entrega a los demás no solo un acto de generosidad sino también de renuncia personal, y eso es lo que les engrandece ante sí mismos, ante el resto de la sociedad y ante la Historia.
Ángel Acebes es el tipo de hombre que cualquier soltera quisiera tener por esposo, cualquier matrimonio por hijo, cualquier hijo por padre y cualquier padre -y madre- por yerno. Es un hombre decente, trabajador y temeroso de Dios, que podía haber elegido hacer carrera en el mundo de la empresa y hoy sería uno de los patronos más respetados de España; podía haber elegido ser abogado y actualmente su bufete estaría al cago de los asuntos más importantes; podía haber querido ser artista de cine y hoy en Hollywood de nadie se hablaría más y nuestras adolescentes tendrían colgado un póster suyo en sus habitaciones.
Porque si este abulense hubiera elegido atravesar los caminos de la vida terrenal pensando solo en su propia existencia y en la de los suyos tendríamos entonces a un ejemplar profesional, esposo, yerno, padre y cuñado entre tantos y tantos otros que existen en nuestra sociedad. Pero él decidió hacer una parada y bajarse en una estación donde poder, rehusando a su propio éxito individual, asumir iniciativas que beneficiasen a la colectividad. La primera, y más importante, fue la de aceptar cargos de relevancia en el Partido Popular, desde donde impulsar acciones siempre beneficiosas para España, incluso a costa de recibir los previsibles ataques de sus rivales políticos y de los mediáticos, algunos singularmente sangrantes, con lo que de sufrimiento acarrea para su familia particular, su familia política y la gente de buen corazón en general.
Pero Acebes desestimó la tranquilidad y las mieles del éxito de una profesión empresarial, jurista o artística y asumió la política como un acto de entrega al prójimo, y lo llevó a sus últimas consecuencias. Pero gracias a su sacrificio (estar alejado de su familia, no poder asistir seguramente a todos las liturgias religiosas preceptivas en cualquier cristiano, dormir poco, soportar injurias, inyectivas y desprecios...), en España podemos hablar de un antes y un después de su paso por la política. Basta con recordar su espléndida e inmaculada gestión como alcalde de Ávila, como Ministro de Administraciones Públicas, como Ministro de Justicia y particularmente como Ministro de Interior, cargo que concluyó padeciendo las más feroces vejaciones y calumnias. Pero es en sus intervenciones parlamentarias en la oposición donde más ha brillado por su elocuencia y retórica. Debería publicarse algún día un libro con las mismas y tendríamos bibliografiado una de las oratorias políticas más brillantes de nuestra historia.
Y brillante es también su humildad, tan acorde con su sentido del deber cristiano: sabedor de que arrancaba un clamor nacional por verle algún día al frente del Gobierno de España, quiso detenerlo para no entorpecer el camino de quien realmente debía asumir ese destino (nos referimos, claro, a Esperanza Aguirre) y dimitió de sus cargos, para volver a ser un ciudadano de a pie. Seguramente ya no tendrá la ocasión de convertirse en un patrono de referencia, en un letrado muy requerido o en un artista con varios oscars, pero este paréntesis de renuncia en favor de ayudar a sus conciudadanos le ha hecho ganar un rincón muy grande en nuestros afectos. Y la suya es una lección viva para nuestra juventud, una biografía que debería figurar en la polémica Educación para la Ciudadanía. Eso sí que haría de esa materia una herramienta útil para los alumnos. Yo, desde luego, hablaré de él a mis nietos, cuando lleguen a este mundo tan mejorado por gente como él.
Tags en Blogalaxia: Angel+Acebes, Política, Sacrificio, Esperanza+Aguirre
Bienvenid@s!
Diariamente, excepto martes, sábados y festivos, temas de candente actualidad para el debate y la reflexión. No dudes en mandar tus comentarios.
22/09/2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)










3 comentarios:
Querida Mª Asunción: sigo mirando tu página en el ordenador de mis hijos. me gusta, y quiero creer que seguirá así de sensata y criticante, pero también leo (y lo que és pero, mis hijos también lo han leído, porque esta página no la havia prohibido mimarido) que hay gente no cristiana a la que permites que digan estas barbaridades y malsonantes. Al igual que en Catequesis no entra según qien, creo que no deberías dejar pasar estos ataques, que perjudican tu página y asus lectores.
No te lo tomes como una crítica, que de eso sabes tu mucho. Pero si los comentarios son sucios, la págnia no es bonita.
Carmen T.
soy yo otra vez. no quiero que pienses que no se escribir, pero estas teclas no son conpatibles con mis uñas. Perdoname las faltas.
Apreciada Carmen: muchas gracias por tus palabras. Ya intento evitar las palabras malsonantes y similares (he tenido que borrar muchos comentarios que publica gente llena de pecado), pero creo que es bueno que la gente que, por debilidad, falta de sensibilidad o por lo que sea, no opina igual pueda expresarse. La comparación, querida amiga, hará aún más grande el mensaje. Y si saben que aquí también se les escucha, con caridad cristiana, volverán y finalmente se convencerán,
Muchas gracias por tu apoyo.
Mª Asunción Gallego
Publicar un comentario en la entrada
Queridos amigos y amigas:
Sentiros libres de expresar vuestra opinión. Aquí no se censura, como en otras partes. Pero sed respetuosos porque no aceptaremos palabras malsonantes.