Iniciamos un breve apartado donde hacer un repaso moralizante de los siete pecados capitales que estableció Santo Tomás de Aquino, y que representan los principales defectos en los que puede incurrir el ser humano. Con este repaso pretendemos ejemplificar y alentar a nuestros jóvenes para que vivan ajenos a los mismos.
La Real Academia de la Lengua Española define soberbia como (1) Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros, (2) Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás, (3) Cólera e ira expresadas con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas, y (4) Palabra o acción injuriosa. Por otra parte, podemos encontrar como sinónimos la altivez, inmodestia, presunción, orgullo, altanería, arrogancia, vanidad, engreimiento, impertinencia, jactancia, endiosamiento, suficiencia, fatuidad, pedantería, aires, humos e ínfulas.
¿Hay alguno de estos términos, queridas jovencitas y jovencitos, que si os fuesen aplicados os haría sentir bien?. No, claro que no. Todos, por supuesto, hemos pecado alguna vez ante el Señor con este defecto, pero es importante darse cuenta para expiarte, bien ante un pastor de la Iglesia, bien ante tus padres -que, no lo olvides nunca, son los que más te quieren en este mundo y los que mejor pueden comprender tus defectos- o bien en la intimidad de tu oración. Procura, eso sí, no comentar que sufres este pecado ante amistades. Las amistades a veces fallan porque a su vez caen en las redes de otros pecados y podrían querer aliviarse convenciéndose de que tu falta es mayor y señalarte con el dedo acusador ante los demás, condenándote a una existencia donde todos a tu alrededor te tachen de algo que a lo mejor ya has sabido limpiar. Ten mucho cuidado.
La soberbia fue el pecado de Satanás, cuando desafió a Dios. Como explica el filósofo Fernando Sabater, nace cuando la criatura desafía a Dios no admitiendo su condición de criatura y tratando de imponer su deseo frente a la divinidad. No se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro. Quizá lo más pecaminoso sea que imposibilita la armonía y la convivencia dentro de los ideales humanos. Que alguien se considere al margen de la humanidad, por encima de ella, que desprecie la humanidad de los demás, que niegue su vinculación solidaria con la humanidad de los otros.
No desconsideréis tampoco las sabias reflexiones de, por ejemplo, Jean Montalvo (la soberbia es el abismo donde suele desaparecer hasta el mérito verdadero), San Agustín (no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano) o incluso del perverso Nicolás Maquiavelo (la naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad). Todos ellos, y muchos más, os advertirán del peligro de cometer este pecado.
¿Y cuál es el término que define un estado contrario?: la humildad, la modestia, docilidad, recogimiento, recato, paciencia, moderación, timidez, vergüenza, suavidad, humillación, sencillez, llaneza, acatamiento, sumisión o la obediencia. Todos ellos, queridas y queridos jóvenes, son absolutamente positivos. ¿Hace falta mayores explicaciones?.
Podéis buscar ejemplos para comparar ambas posturas, tan enfrentadas, y no os resultará nada difícil, ya que la soberbia es un pecado muy extendido. Ahí tenemos a Enric Sopena, que tanto la padece y de la que no sabe cómo librarse, y a Esperanza Aguirre, absolutamente inmaculada de ella. Pero la lista de ejemplos podría extenderse, y no creo que sea necesario.
¿Padeces soberbia?. Habla con tus padres, con tu confesor o con el Señor en tus oraciones. Y cambia. Y si crees que humillarte puede servirte de ayuda, no dudes en publicar un mensaje aquí mismo, confesando tu pecado. Seguro que así limpiarás tu alma.
¿Conoces a alguien que padezca soberbia?. Cuéntanoslo publicando un mensaje aquí mismo, indicando los síntomas de la enfermedad y su nombre, para que sus allegados puedan ayudarle, si consideras que esa persona no sabe ayudarse a sí misma. Este blog está también hecho para la expiación de los débiles. No olvidéis que los cristianos verdaderos somos muy superiores y mejores que los demás, y que es nuestra obligación hacer todo lo que esté en nuestras manos por convertirles y hacer de ellos seres temerosos de Dios.
Tags en Blogalaxia: Soberbia, Pecados+Capitales Esperanza+Aguirre Enric+Sopena
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23/09/2008
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4 comentarios:
Yo acuso a mi vecina Luisa, que vive en el 5ºA de la calle Albacete nº 25 de Valencia del pecado de soberbia, porque siempre que me la encuentro en la escalera viniendo de la compra me enseña todos los entrecots que compra porque dice que se lo puede permitir, y sabe que yo no me lo puedo permitir. Y a su marido también, porque cada vez que se encuentra con mi marido le explica cuál va a ser el próximo coche que se va a comprar, sabiendo que nosotros tenemos un coche muy antiguo, sin posibilidad de cambiarlo. Y a sus hijos, que presumen ante los nuestros de motos, relojes, novias y otros objetos de lujo superficiales.
Los expongo para la humillación pública y para su redención.
Aleluya y gracias por la oportunidad
Jacinta
Pues yo denuncio a Rosa. Vive en la calle Mallorca 21, 1º2ª, de Barcelona. Es muy presumida que peca de vanidad por creerse una mujer muy atractiva. Y la acuso de soberbia por hacerse operaciones de pechos y de pómulos.
La expongo para la humillación pública y para su redención.
Aleluya
Josefa
Yo me acuso del pecado de soberbia. Porque soy hermoso y siempre digo a la gente que "los que dicen que la perfección no existe es porque no me conocen".
Lo expongo para la humillación pública y para mi redención.
Aleluya
Alberto
Yo denuncio a un chico que se llama Pablo, que vive en la Gran Vía de Madrid (no sé el número ni el piso), y que siempre se jacta de sus triunfos sexuales, pero que además son mentira porque no se come un rosco.
Lo expongo para la humillación pública y para su redención.
Aleluya
José Javier
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