El pasado 2 de octubre de 2008 se cumplió el 80 aniversario de la fundación del Opus Dei. A su fundador, San José María Escribá de Balaguer, se le han atribuido milagros ciertos, pero sin duda su mayor prodigio fue hacer de esta prelatura un ejército de salvación de almas que ha roto fronteras y se ha extendido por todo el mundo, difundiendo la Palabra de Dios y asentándose como un referente indiscutible de los valores cristianos puros.Más allá de sus virtudes personales, que todo el mundo reconoce y aprecia, se destacó por la gran inteligencia de sus reflexiones, expuestas en su obra Camino, que marcaron y siguen marcando impronta en las generaciones de cristianos. Algunas sirvieron de gran consuelo a la gente que estuvo presa en la cárcel durante el período franquista (si no eres mortificado nunca serás alma de oración o Bendito sea el dolor. Amado sea el dolor. Santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor!), otras que hacían referencia a la defensa del papel de la mujer en la sociedad moderna (Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabias -no hace falta que seáis sabias: basta que seáis discretas- habéis de ser espirituales, muy unidas al Señor por la oración), o de la metodología para difundir la Palabra del Señor (El plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por la santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza, o Si por salvar una vida terrena empleamos la fuerza para evitar que un hombre se suicide..., ¿no vamos a poder emplear la misma coacción -la santa coacción- para salvar la Vida de muchos que se obstinan en suicidar idiotamente su alma?).
Su bondad reflejada en estas y otras muchas reflexiones, y los milagros que hizo en vida le han llevado rápidamente a los altares, en una santificación clamorosamente bien recibida en el mundo entero.
¿Y qué queda de su obra?: pues una organización dedicada de lleno a la ayuda a los más desfavorecidos, tanto materiales como espirituales, con Universidades y centros de enseñanza donde prolongar el mensaje puro de Cristo. Una institución donde, desde la más absoluta libertad de pensamiento, se forjan los santos y santas del futuro. Una sociedad igualitaria, donde hombres y mujeres, blancos y negros son lo mismo. Una entidad a la que han abrazado la gente más noble y digna de nuestra sociedad, y en la que están nuestros mejores políticos: Ana Botella, Esperanza Aguirre, Manuel Pizarro, Federico Trillo... claro que, como en todas partes, hay algunas ovejas descarriadas, incapaces de asumir la alta responsabilidad de amar a Dios y al prójimo: es el caso de Enric Sopena, quien, poseído por el Diablo, renegó de su bondad y ahora solo predica el mal. Con el Opus Dei bien sano y joven, aún está a tiempo de retomar el camino.









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